sábado, 17 de diciembre de 2011

Las peculiaridades de la crisis en España (y 1)

Lo visto en los anteriores posts explica brevemente la gestación de la crisis a nivel internacional. Sin embargo, en el caso de nuestro país podríamos decir que ha llovido sobre mojado. El hecho de que España sea uno de los países más castigados por la actual crisis no es casual, sino que se explica por una serie de condicionantes que han provocado que la consecuencias del marasmo económico sean más fuertes aquí que en otras latitudes. En esta breve entrada nos vamos a limitar a enumerar algunas de esas particularidades que explican el porqué del agravamiento de nuestra “crisis casera”.

En primer lugar, y aunque a muchos nos pueda parecer algo muy lejano, más propios de los libros de Historia que de una visión sobre la actualidad, no podemos olvidar el hecho de que España tiene un reciente pasado dictatorial. La dictadura franquista fue, en buena medida, una dictadura “de clase”, una de cuyas principales finalidades fue mantener una muy desigual distribución de la renta (resumiendo -y simplificando- era una dictadura que favorecía a los más ricos a costa de los más pobres). Tras la compleja Transición, España alcanzó la democracia, pero no pudo desembarazarse de algunos “handicaps” (inconvenientes) heredados de la dictadura, además de nuevos problemas a los que no se dio una respuesta adecuada.

Por no alargarnos, podemos resumirlos brevemente en: 

cierta debilidad sindical: lo que implica menor capacidad de maniobra de los trabajadores, y menos fuerza a la hora de negociar con las patronales. Ello ha implicado que en el mercado laboral español haya una gran asimetría entre contratadores y contratados, siendo España uno de los países en los que el despido es más fácil y barato. A pesar de ello, muchos siguen diciendo que lo mejor para superar la crisis es la “flexibilidad laboral” (que no es sino un sinónimo de abaratar y facilitar el despido), cuando es más que evidente que el problema de la economía española no es ese.

gran influencia política de los grandes grupos empresariales y financieros: si bien esto ocurre en todos los países del mundo, en España se da en mayor medida que en otros estados de su entorno. Su fortaleza les permite, por ejemplo, influir a la hora de promover leyes que las beneficien. El Banco Santander o las grandes promotoras inmobiliarias (asociadas a los grandes bancos) son un claro ejemplo de ésto.

instituciones financieras inadecuadas: una de las tareas de las diversas instituciones financieras (como el Banco de España) es vigilar que los bancos y otras entidades similares actúen con honradez, transparencia y sin poner en peligro la estabilidad económica del país. Sin embargo, esas instituciones han permitido a los bancos campar a sus anchas, abandonando su labor vigilante.

sistema impositivo poco progresivo: el sistema fiscal (=impuestos) heredado del franquismo era muy poco progresivo (es decir, no estaba orientado a que los que más tuvieran pagaran más). A pesar de las reformas llevada a cabo en la Transición, el sistema fiscal español sigue, a día de hoy, beneficiando a los que más tienen, y perjudicando a los que tienen menos, así como a buena parte de las clases medias.

un Estado del Bienestar débil: a pesar de lo que muchos de los partidarios de los recortes quieren hacer creer, España no tiene unos servicios sociales (sanidad, educación, atención a los necesitados...) muy desarrollados, sobre todo si los comparamos con otros países del entorno europeo. Ello es debido a que durante el franquismo el “Estado del bienestar” era muy pobre, y su desarrollo no comenzará realmente hasta la Transición. Sin embargo, las condiciones en las que se desarrolló la Transición dificultaron crear un Estado del bienestar fuerte y bien desarrollado. Ello se refleja en la gráfica adjunta, en la que se ve que el gasto social público en porcentaje del PIB en España es inferior a la de todos los países del entorno (incluidos Portugal, Grecia o Italia).

Todas estas características apuntan en una misma dirección: cuando la situación económica empeora, los asalariados (las personas que reciben sus ingresos del trabajo), es decir, la mayor parte de la población, son los más afectados, mientras que empresas o rentistas (los que reciben sus ingresos de acciones, propiedades, etc...) pueden capear mucho mejor la mala situación (incluso, en ocasiones, beneficiarse de la crisis). En definitiva, una distribución de la riqueza más desigual que la de los países de su entorno provoca que la crisis en España afecte más gravemente a buena parte de la población. No estaría de más acabar recordando que, según datos del Institución Nacional de Estadísticas (INE), el 21,8% de los españoles vive por debajo del umbral de la pobreza (un 1% que hace un año). Son datos para reflexionar, ¿no?

Tim Minchin y las tonterías de la "New Age"

Quizá uno de los aspectos más preocupantes de la actual era digital es que hay una infinita cantidad de tonterías al alcance de un simple click. La Red ofrece un fantástico mundo de posibilidades, al permitirnos acceder a una enorme cantidad de información. El problema, sin embargo, es saber discernir entre la información útil y la basura. En este proceloso mundo de internet abundan los arrecifes ocultos, las corrientes peligrosas y los piratas del más variado pelaje. Y, como en cualquier mar, hacen falta una serie de instrumentos para no perdernos y acabar mal. El instrumento más útil es lo que se llama "el pensamiento crítico", la capacidad de discernir entre lo falso y lo verdadero, entre datos reales y falacias. Sin esa capacidad crítica, estaremos a merced de embaucadores de todo tipo: desde políticos mentirosos hasta los vendedores de supuestas pulseras "mágicas", pasando por videntes y curanderos de la "new age". Precisamente sobre estos últimos charlatanes, el cómico inglés Tim Minchin tiene un magnífico monólogo. Que lo disfrutéis...

Las peculiaridades de la crisis en España (y 2)

Como no todo va a ser palabrería, aquí va un breve vídeo que resume muy bien la gestación de la crisis en España. Que lo disfrutéis...



martes, 22 de noviembre de 2011

La crisis actual: la gestación (y II)

Veíamos en la entrada anterior como la bajada de tipos de interés había animado a mucha gente a hipotecarse para comprar casa, y como los bancos se habían apuntado entusiasmados al carro de conceder hipotecas, aunque muchas de ellas fueran "de riesgo". Pero en paralelo a esto, se produce otro fenómeno: la titulización.

La "titulización de la deuda"
Con la fiebre de la compra de viviendas, los bancos tienen enormes cantidades de hipotecas, de "papelitos" que demostraban que X persona o familia tenía una deuda con el banco que tenía que ir pagando a lo largo de los años. Esas hipotecas son, por tanto, fuentes de ingresos a largo plazo (el dinero prestado y los intereses se van devolviendo poco a poco). Sin embargo, los bancos prefieren sacar beneficios de manera mayor y más inmediata, y van a desarrollar un nuevo "truco": la titulización.
La titulización consiste en que los bancos cogen sus hipotecas (y otros activos) y los "empaquetan" formando un bono. Una vez empaquetados, los ponen a la venta en los mercados internacionales especializados (la Bolsa, simplificando bastante). El "truco" es que en esos paquetes van (junto con otros activos muy diversos) hipotecas "buenas" (es decir, no problemáticas a la hora de recuperar el dinero prestado) e hipotecas "malas" (de riesgo, subprime o hipotecas basura). En definitiva, los bancos lo que hacen es pasar la "patata caliente" de las hipotecas basura a otros compradores.

Ahora bien, ¿porqué esos compradores optan por hacerse con esos bonos que incluyen"hipotecas basura"? La respuestas es sencilla: porque no lo saben. A la hora de comprar esos paquetes, los compradores se fían de una calificación que dichos paquetes tienen, otorgadas por unas "agencias de calificación" (Moody´s, S&P...); y esas calificaciones son muy buenas (una explicación de porqué esto fue así la puedes encontrar aquí). Esos bonos comienzan a circular por todo el mercado mundial, al tiempo que ofrecen una gran rentabilidad, y tienen una calificación muy buena (generalmente, la mejor, que es AAA), lo que anima a su compra cada vez más y más...

El estallido de la burbuja
Sin embargo, esto no podía durar para siempre. Y no podía durar para siempre porque, en el fondo, todo este entramado se sustentaba en una premisa falsa: que todas los préstamos concedidos en esas hipotecas se iban a recuperar. Evidentemente, esto no fue así. Muchas hipotecas (las de riesgo) dejaron de ser pagadas en cuanto los peticionarios tuvieron problemas económicos. En un esquema tradicional, el banco local que hubiera otorgado el préstamos hubiera asumido la pérdida (compensándola, eso sí, quedándose con la casa del que no pagaba). Pero en el nuevo modelo, esa hipoteca impagada afecta a todo el sistema: al banco que emitió la hipoteca, pero también a los compradores posteriores de ese "paquete" en el que iba incluida esa hipoteca basura. El problema grave viene cuando no es ni una ni dos personas las que no no pagan la hipoteca, sino cientos de miles. La confianza en esos bonos (los paquetes que incluían hipotecas basura) se resiente, y dejan de venderse; los propietasios de esos paquetes ven como su valor baja enormemente, y muchos se arruinan. Pero, y aquí viene uno de los aspectos más graves, muchos de esos propietario son bancos, que ven cómo esos "bonos" que ellos creían (o querían creer) muy valiosos no valen nada. Los bancos entran en quiebra, y con ellos el sistema crediticio: los bancos no se fían unos de otros, por lo que se niegan a prestarse dinero entre sí (algo fundamental para el funcionamiento de la economía capitalista), ante el miedo a que no devuelvan esos préstamos. Pero, además de no prestar a otros bancos, también cortan el crédito a empresas y particulares; es decir, el dinero circulante se contrae, con lo que los particulares y las empresas tienen menos dinero poara consumir, lo que hace que la economía (basada en un consumo creciente) se ralentice.

Resumiendo
El dinero barato (bajos tipos de interés) animó a muchos a pedir hipotecas que no podían pagar. La avaricia animó a muchos bancos a conceder esos créditos. Esa misma avaricia hizo que los bancos trataran de sacar un beneficio mayor y más rápido a través de la titulización: la venta de esas hipotecas en un mercado mundial, cobrando cantidades ingentes de dinero por ello. Pero todo ese entramado se vino abajo cuando la base (base irreal desde un comienzo) cayó. Sin embargo, la crisis no afectó sólo a los bancos que habían concedido los préstamos, sino a todo el sistema financiero internacional que alegremente se había sumado a la fiesta de las hipotecas y los beneficios descomunales e inmediatos. Consecuencias (al margen de que muchas familias pierdan sus hogares): la economía se ralentiza, baja la demanda, aumenta el paro... y entramos en un círculo vicioso en el que la bajada del paro implica menor consumo, por lo tanto menor producción, más despidos...

Aún así, todo esto no es la única causa de una crisis multifacética. Otro día hablamos de cómo ha afectado a España en particular (el nuestro ha sido el país en el que la burbuja inmobiliaria ha sido más desmedida), de qué es el lío ese de la deuda, de el porqué de los recortes (y si son motivados o no)...